EL FINAL DE UNA INSTALACION INDUSTRIAL: PROYECTO DE CLUSURA

EL FINAL

Todo tiene un final, acaban las cosas que los hombres engendran y las que crean, incluso se transforman y acaban las cosas que la naturaleza ha ido formando. Por tanto, las instalaciones industriales no escapan a esa ley natural y llega un momento que se deben de cerrar y clausurarse.

Las razones que impulsan al cierre de una planta industrial suelen ser las siguientes:

  • El envejecimiento hace que aumenten las indisponibilidades de la planta, en tal cuantía que resulte más interesante abandonarla que gastarse dinero en reparaciones y mejoras. Esta situación la hemos analizado en profundidad al tratar los proyectos de alargamiento de vida.
  • El desarrollo de las tecnologías convierten la tecnología de tú planta en algo obsoleto e ineficiente que no puede competir con las nuevas.
  • El agotamiento y consecuente encarecimiento de las materias primas que se usan en la planta la convierten también en una planta cara  y sin garantías de disponibilidad.

En todos los casos citados surge un nuevo proyecto, esta vez de clausura y cierre de planta.

Las fases de este proyecto, al ser de destrucción, solo tienen dos fases, la fase conceptual y la fase de desmontaje.

La fase conceptual, al igual que en un proyecto normal, analizará desde los puntos de vista técnico, económico y medioambiental todas las alternativas posibles y que se reducen a:

  • Desmontaje y achatarramiento de las instalaciones: la más común y económica de las soluciones desde la perspectiva de la empresa.
  • Conversión en una instalación- museo con ventajas para el conjunto de la sociedad pero que representa un puro coste para la empresa propietaria. No podemos olvidar, al mencionar esta alternativa, que constituye motivo de protección social y la justifica sobradamente, el hecho de que cuando, hoy día, se encuentra una noria romana o unos baños árabes o cualquier ingenio antiguo, aparte de constituir una alegría para el lugar en donde aparece, la legislación vigente los protege e impide su destrucción. Evidentemente, una planta de hace 60 años tiene algo que enseñar desde el punto de vista arquitectónico e incluso artístico y representa un hito de avance tecnológico de la sociedad. Al lector le remito a la contemplación de lo que es, hoy día, el Centro George Pompidou, en Paris, y a las exposiciones que en él se celebran.
  • En situación de reserva estratégica o utilización como planta de investigación y demostración de nuevas tecnologías. Esta alternativa reporta a la empresa imagen y al consumidor unas perspectivas de futuro y unas garantías y seguridad de suministro.

La fase conceptual del proyecto de clausura de una instalación termina con la confección de un plan de cierre y la consecuente definición de los recursos humanos y financieros necesarios y la confección de su programa de implantación. Este plan debe de someterse a la autorización administrativa, fundamentalmente medioambiental, ya que, en mayor o menor medida, existe un impacto y unas necesidades de descontaminación y vigilancia de las instalaciones clausuradas.

La fase de desmontaje, en cuanto a su gestión y ejecución, es similar a la descrita para el montaje, pero siendo las actividades las inversas a las descritas y existiendo una ingeniería específica para ello. Dependiendo del valor residual que se busque y del uso futuro que se pretenda de los terrenos, aparte del desmontaje existirán o no actividades de derribo y demoliciones.

Voy a terminar la primera parte de este Manual de Proyectos contando una anécdota del tiempo en que iniciaba mi vida profesional. Tuve la suerte de contar con un primer jefe, ingeniero de los que amaban su profesión y que, aunque con frialdad, sabían trasmitir ese entusiasmo que en él despertaba la labor de sacar adelante un proyecto. Recuerdo que, viéndome afectado por el primer choque en el trato profesional con los que me rodeaban, me hizo, yo creo que para animarme, la siguiente observación: “Las personas odian las oficinas pero aman las fábricas”[1]. Pude comprobar a lo largo de mi vida lo que me había dicho, las fábricas, aunque la propiedad formal les corresponda a los accionistas de la empresa, los lazos afectivos que se desarrollan en su creación, con el roce diario, con la superación de los problemas que aparecen y por el contacto con la naturaleza que su cercanía trasmite, convierten a las personas cercanas en sus auténticos propietarios afectivos.

Como consecuencia de todo lo dicho, se puede deducir que el final de una instalación industrial es algo triste, algo que la naturaleza sabe paliar ya que sus creadores no suelen sobrevivirlas. No obstante, os puedo asegurar que son múltiples y variados los sentimientos y añoranzas que tuve cuando, antes de jubilarme, me acerqué a la planta que había consumido gran parte de mi vida. Los recuerdos y sentimientos aparecieron en cada rincón y en cada plataforma de aquel, aparente, laberinto de hierros, en donde seguía latiendo la vida de una parte domesticada de la naturaleza.

Figura 81: Antigua fábrica transformada en museo (circa 1920)

[1] D. Jorge Díaz-Caneja Burgaleta

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