ACERCA DE CONCEPCION, DESARROLLO Y GESTION DE PROYECTOS

 

EL LADO PODEROSO DE LA CIENCIA

O

CONCEPCION, DESARROLLO Y GESTION DE UN PROYECTO

 

 

 

A los que conmigo fueron y me precedieron, Jorge Díaz – Caneja y Antonio Gutiérrez, que por sus cualidades profesionales y humanas los considero como maestros de muchos ingenieros.

A los que conmigo van y me sucederán, mi hijo y colaborador en este libro, José María, mi hijo político Gonzalo y mis sobrinos Rafael y Fernando, que emplazo para que, al final de su vida y con sentido vocacional, escriban y trasmitan sus experiencias de Ingeniero.”

 

EL AUTOR Y ADMINISTRADOR DE ESTA WEB.

 

 

J. M. HIDALGO AZNAR.

Ingeniero Superior de Minas.

Ingeniero de Minas del Estado.

Director de Proyectos de Endesa.

 

1.- Introducción:

Retirado del mundo empresarial y tras haber acumulado muchos años de experiencias en el área de ingeniería de proyectos de instalaciones y plantas industriales, casi toda una vida, he decidido escribir este libro, con exclusivo interés vocacional y con la esperanza de que, lo que voy a contar, le sea de utilidad a alguien que sienta el peso de la responsabilidad de sacar adelante un proyecto. Creo que sería egoísta, por mi parte, dejar que los recuerdos de una trayectoria vivida con intensidad se fuesen diluyendo en esa placentera etapa de una dorada jubilación. He sido educado en el estoicismo y en el sentido del deber, por eso, no me siento a gusto pensando en que me queda aún algo por hacer y que mi ya maltrecha voluntad me impida prestar un servicio a los demás. Escribir puede todo el mundo, pero hacerlo sobre algo específico, que ha sido la dedicación diaria durante treinta años, pocos pueden hacerlo. Solo me queda saber hacerlo bien y que lo que les cuente les sea de utilidad e interés, algo sobre lo que he tenido mis dudas y que ha sido la causa por la que he retrasado el inicio de esta recopilación de experiencias y herramientas que, les aseguro, fueron de eficacia y utilidad. Me queda la duda de que el tema no sea de suficiente trascendencia y actualidad, ya que ha sido un poco decepcionante el comprobar que, en estos últimos tiempos que me han tocado vivir, la sociedad española ha cambiado y devaluado la, para mí, digna y respetable profesión de Director de Proyectos. A pesar de lo dicho, creo que siempre habrá alguien que se tenga que enfrentar a la necesidad de materializar un proyecto. La diferencia está en que, cuando yo empezaba la vida profesional, nuestro país iniciaba un proceso de desarrollo industrial y, nuestras empresas, tras años de penuria económica, podían empezar a utilizar recursos financieros en cantidad suficiente como para crear nuevos centros de producción. Aquellas personas que tenían la capacitación suficiente como para poder materializar nuevas instalaciones, estaban fuertemente demandadas y su valía reconocida por toda la sociedad, ya que las empresas se jugaban el ser o no ser en las nuevas inversiones que suponían, en valor, un alto porcentaje de sus activos fijos. Pasados los años, el escenario es diferente, las empresas han crecido y se han globalizado, existen recursos financieros suficientes, muchas veces creados artificialmente y sin que estén soportados por los bienes de producción, que permiten que se compren empresas, en las que se incluyen un gran número de instalaciones industriales, sin que se precisen conocimientos técnicos especiales. La consecuencia ha sido que la figura de un Director de Proyecto no es esencial para una empresa y, el mayor o menor acierto en un proyecto, queda compensado y amortiguado por su menor impacto en el cómputo del valor total de sus activos productivos. En la actualidad, sumergidos en una profunda crisis financiera y económica, con un menor crecimiento de la demanda del mercado unido a menores facilidades de financiación, se volverá a poner de moda el interés por el trabajo bien hecho y por la productividad, en suma, se adivina una nueva etapa en la que, un buen Director de Proyectos, será valorado y demandado por la sociedad. Independiente de las mejores perspectivas que existen hoy día para la profesión, entiendo que existe un aspecto vocacional que es el que considero importante trasmitir, sobre todo a los jóvenes, en este libro y que lo justifica por sí solo.

La profesión de Director de un Proyecto industrial es de las más gratificantes que para un Ingeniero puedan existir, porque significa el escalón superior al que puede aspirar. El Ingeniero crea una vida artificial (no engendrada) que, en un proyecto, adquiere su máxima ambición.

El crear algo exige del Director de Proyecto que utilice todas las cualidades del ser humano: su inteligencia, su profesionalidad técnica, su emotividad y sus instintos. No basta ni con solo empujar, ni con solo aplicar unos procedimientos o herramientas y ni tan siquiera con subcontratar el trabajo. El doblegar a la naturaleza para crear, en tu favor, una vida artificial, precisa de cualidades humanas y base técnica, por lo que, para ser un buen Director de Proyectos, hay que poseer el mayor desarrollo humano y formativo posible.

Por todo lo indicado, mi primera intención fue titular este libro como el Arte de la Dirección de los Proyectos, ya que se precisan actuaciones que son una mezcla de procedimientos y buenas prácticas objetivas junto con apreciaciones subjetivas, todas ellas ponderadas por quien ejerce el liderazgo para conseguir unos objetivos concretos, en plazo, precio y calidad. La Dirección de proyectos no es una ciencia y, por tanto, sus principios no son demostrables, es un arte, basado en la experiencia, cuyas normas de actuación se pueden solamente mostrar y obedecen a lo que se entiende como buenas razones de ser.

No se asusten, no va a ser este un libro de Filosofía, va a ser un libro esencialmente práctico, que brinde unos conocimientos claros de todas las fases de cualquier tipo de proyecto, de aquellas buenas prácticas de gestión e ingeniería aplicables y, finalmente e igualmente importante, de los consejos que fluyen de la experiencia vivida.

Esta introducción solo ha tenido como objetivo el hacer llegar al lector que un buen Director de Proyecto debe aportar, junto a una buena base como ingeniero, cualidades humanas, cuanto más mejor, ya que, aunque artificial, de lo que se trata es crear una vida útil para la sociedad. Quien lo consigue, le aseguro que quedará atrapado para siempre y, cuando, al final de su vida, vuelva sus ojos por lo hecho, sentirá legítimo orgullo, ya que los proyectos son casi como hijos suyos.

Hace algunos años, la prensa se hacía eco del logro de importantes retos humanos: el puente más largo, la llegada a la luna, la planta de mayor capacidad, etc. Hoy día, solo interesan noticias económicas de empresas compradas, de despidos, de concursos de acreedores, de beneficios, de primas de riesgo, etc. Como decía aquel: “es la economía, idiota” aunque yo más bien diría: “es de idiotas, la economía”.

La ciencia, de por sí, se queda en el laboratorio y sus resultados, inducidos en la experiencia, se encuentran ahí para que alguien los utilice y cree una aplicación cuya realidad produzca y cree unos resultados útiles a la sociedad. El transformar unas ideas en un proyecto es como engendrar una nueva vida, las pruebas y la inducción son sus herramientas, mientras que el hacer crecer el proyecto, hasta convertirlo en una realidad, exige cuidados y procedimientos que estén basados en la deducción, en la experiencia y en las denominadas buenas prácticas. Si la aplicación científica no es acertada o si no se usan los procedimientos adecuados el resultado puede ser algo carente de vida productiva. Por ello, se precisan personas que tengan la capacidad de ingeniar y tenacidad suficiente para que, con inteligencia, lleguen a crear algo útil y demandado, es decir llegar a convertirse en lo que se viene denominando el lado poderoso de la ciencia.

El presente libro se va a dividir en dos partes, la primera de ellas busca definir las etapas de un proyecto, desde su concepción hasta su salida al mercado. La llamaremos Gestación de un proyecto y pretende describir y definir cada fase, indicando los medios y herramientas que se emplean comúnmente y que tienen carácter universal y constituyen el lenguaje y los procedimientos comunes de ingeniería. Cualquier ingeniero o personal de control en una empresa, que se dedique a proyectos, debe de conocer los términos y contenidos de cada fase que en este libro se emplean, ya que le permitirá hablar en el lenguaje que, en cualquier lugar del mundo, se emplea.

La segunda parte del libro la dedicaremos a las buenas prácticas que se emplean comúnmente para sacar adelante, de la forma más eficiente, un proyecto. La forma más eficiente es hacerlo en plazo, en precio y en calidad. Cualquier desviación en estos objetivos significará un fracaso, en mayor o menor medida según la desviación obtenida. Un proyecto conseguido tarde, más caro o sin dar los parámetros técnico esperados puede convertir una buena solución, para cubrir unas necesidades, en una mala e incluso en una carga no prevista. Esta segunda parte la llamaremos Gestión de un proyecto y pretende describir las herramientas que se emplean para conseguir los objetivos del proyecto. Así como la parte de gestación es de aplicación universal, la parte de gestión es mucho más particular, llegando a ser, a veces, particular y singular en cada empresa y en cada Director de Proyecto.

Un proyecto puede nacer muerto o con taras tan importantes que perdurarán toda la vida, por causas provenientes o de una mala gestación o de una gestión deficiente.

Por último querría advertirles que este libro está enfocado para ser una fuente de consulta y de aplicación para aquellos que se inician en este mundo de los proyectos, a veces se podría hacer de forma literal, mediante el sistema de copiar y pegar. Cuenta, por medio de una conexión a una web que se adjunta, con muchas hojas de cálculo y ejemplos, preparadas para ser aplicadas con solo introducir los datos precisos, con lo que se evitan las tradicionales tablas No es fácil su lectura, no es una novela, porque los temas están condensados y resulta cansado mantener la atención sobre ellos. Sin embargo, para aquellos que acumulan experiencia, les recomiendo su lectura pausada, sin prisas y, acudiendo a una imagen que sirva de modelo, como si fuera el leer como el comer de los pájaros, levantando la cabeza después de cada apartado[1].

[1] Profesor D. Enrique Tierno Galván

 

 

 

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